Jean-Paul Alberio comenta "El nuevo desorden mundial", el libro en el que Tzvetan Todorov desarrolla un análisis lúcido y coherente sobre los debates surgidos después de Irak, y esboza su reflexión con una serie de propuestas para el establecimiento de una "potencia tranquila" europea.
Pocos autores poseen la habilidad de presentar de forma tan clara y simple las ideas de un pensamiento elaborado como lo hace Tzvetan Todorov, académico e intelectual de origen búlgaro y residente en Francia desde hace varias décadas, que arrastra consigo el impresionante historial de más de veinte libros escritos sobre política, filosofía, lingüística y literatura. El título de la obra se refiere a la situación, a simple vista caótica, de la geopolítica mundial, luego del derrumbe soviético y la indiscutible superioridad militar estadounidense (cuyo presupuesto de defensa supera el de los siete países siguientes), pero sobre todo en el contexto de la última Guerra del Golfo, y las controversias que generó antes, durante y luego de terminado el conflicto bélico. En efecto, la Guerra de Irak generó fuertes debates, en especial en Europa, llegando a presentar la discusión posiciones aparentemente irreconciliables, entre partidarios y opositores a la intervención armada de Estados Unidos y Gran Bretaña. Políticos, intelectuales, periodistas, se enfrentaron en una paradójica controversia: mientras algunos condenaban la dictadura de Saddam, sus oponentes condenaban la guerra. Sin embargo la segunda tenía por objetivo derrocar al primero. Además, ambas partes fundamentaban sus argumentos en los mismos valores, a saber la democracia, la seguridad mundial, etc.. En ese panorama, la población europea dio muestras de mayor integración que sus gobiernos. Mientras Blair, Aznar y Berlusconi desairaban a Chirac y Schoreder que, por otra parte se sentían traicionados por los países del Este, reinaba entre las opiniones públicas de esos países un fuerte consenso antibelicista. Un porcentaje importante hasta quería la victoria irakí. El sentimiento antinorteamericano se intensificó mientras se generalizaba la percepción de que la Casa Blanca usaba la búsqueda de armas de destrucción masiva y la democratización de Irak como meros pretextos para la apropiación de sus ricas reservas petroleras. Un gran número de banderas de estrellas y rayas fueron quemadas en protestas contra lo que muchos interpretaron como una invasión imperialista. Sin embargo, Todorov duda que esa haya sido realmente la principal razón de la intervención militar. Si bien es cierto que detrás de toda incursión militar se alinean ciertos intereses, los costos de la guerra hypertecnológica que llevó adelante Estados Unidos, sumado a los gastos de financiar una fuerza de ocupación y reconstruir un país en ruinas, atenúan las ventajas de controlar los pozos petroleros irakíes. El autor se inclina más por analizar el discurso de Bush y de su entorno, a quienes tilda de neofundamentalistas. El conservadurismo, según él, mutó, y ya no se contenta con intentar sostener un determinado statu quo. Todo lo contrario, se lanza decidido a transformar la realidad con una fe casi mesiánica en lo que considera es el papel que le dio la Historia. Según los neofundamentalistas, Estados Unidos, por ser la única superpotencia mundial, lleva consigo el deber moral de expandir el liberalismo democrático al resto del mundo, imponiéndolo, si es necesario, por la fuerza. El principio del "derecho de injerencia" ha sido muy manejado por aquellos que legitiman la política estadounidense diciendo que, al ser la única potencia militar mundial, solo ella es capaz de imponer algún tipo de orden en el concierto de naciones. Según este concepto, las Naciones Unidas, o en su defecto Estados Unidos de forma unilateral, tienen el derecho de intervenir, y hasta de derrocar, a cualquier gobierno que viole los derechos humanos, o simplemente sea autoritario. No obstante, esa idea, derivada del liberalismo, entra en franca oposición con uno de sus postulados centrales, la tolerancia , no sólo política y religiosa, sino también cultural. Así, el liberalismo, que es una doctrina occidental, producto de las guerras religiosas europeas de los siglos XVII, XVIII, ha sido malinterpretada y se la intenta imponer por la fuerza, lo que genera, por otro parte, efectos contraproducentes al objetivos de sus partidarios. Basta observar el creciente malestar de la población árabe, y las dificultades que enfrentan los proyectos de democratización de Irak y Afganistán, para convencerse de ello. Es que, afirma Todorov, la democracia, por preferible que sea a cualquier otro tipo de régimen de gobierno, no puede ser impuesta a una nación por la fuerza, y menos por una potencia extranjera. Los ciudadanos de ese país podrían fácilmente ver en ello sólo un intento por formar un gobierno títere de las fuerzas de ocupación. Por otra parte, algunos opositores a la guerra, que defendían la idea del llamado derecho internacional parecieran pecar de ingenuos. Los países no están atados a norma alguna. Al ser soberanos, los Estados solo responden a lo que creen que son sus intereses, y si Estados Unidos cree que violar las resoluciones del Consejo de Seguridad para derrocar a un gobierno que le es a todas luces hostil, le es más redituable que obedecerlas, lo hará. Y no hay nada que decir al respecto, salvo, como hace Todorov, cuestionar las supuestas ventajas que le ofrece a ese país ofrece la opción armada. Mientras, por un lado, los intentos del gobierno y de los medios por justificar la guerra ante la opinión americana llevaron a situaciones que rozaron el autoritarismo y la intolerancia, las medidas de seguridad tomadas en Estados Unidos amenazan con afectar los derechos de minorías étnicas y agravar la situación de los prisioneros de Guantánamo. El autor se pregunta a este respecto: ¿el reforzamiento de la democracia en Irak, justifica su degradación en Estados Unidos? Otra preocupación que guía el análisis de Tzvetan Todorov, es el lugar que debería ocupar Europa en el nuevo panorama mundial. El autor observa que la mayor alianza militar del planeta, la OTAN, es hoy día obsoleta y sólo sirve para afianzar la hegemonía americana. La reciente ampliación de sus miembros no busca, por otra parte, afianzar la seguridad internacional, sino minar la influencia de Rusia sobre las Repúblicas del Este. Europa, a su vez, se mostró incapaz de llevar adelante operaciones militares de envergadura ,ni siquiera en un escenario tan próximo como los Balcanes. Todorov opina que la creación de un ejército único de la Unión Europea, debería ser una de los objetivos estratégicos de sus gobernantes. El viejo continente debe abandonar el viejo esquema de las fuerzas armadas nacionales, que ya no tienen sentido, y cambiarlo por una fuerza pequeña, ágil y moderna, capaz de intervenir en una zona de influencia mediana, sin depender del apoyo estadounidense. La política de Bruselas no debería, por cierto, mostrar la vocación intervencionista de Estados Unidos. Todorov, utiliza la noción de "potencia tranquila", para explicar como debería, en su opinión, actuar la Unión Europea: dejar que los norteamericanos se encarguen de los países lejanos, pero estar preparados para defenderse de cualquier ataque, y dispuestos a deponer los gobierno genocidas, dentro de una perímetro razonablemente próximo. Porque, si bien no toda violación de los derechos humanos justifica una guerra, los genocidios, como los que se producen en África, son francamente intolerables para la Humanidad. Por otra parte, antes de emplear el uso de la fuerza, hay que agotar las vías diplomáticas y recordar que la negociación y la presión económica muchas veces son más productivas que la fuerza. Además, "más valdría haber desarmado Irak en seis meses sin dispar un tiro, que desarmarlo en diez días a costa de diez mil muertos"… Estas y otras consideraciones aparecen en EL NUEVO DESORDEN MUNDIAL, un libro que, por lo corto de sus páginas, sorprende con la profundidad de sus análisis y la claridad de sus ideas. Todorov logra transmitir la perspicacia y el pragmatismo de su mirada, al mismo tiempo que los combina con una refrescante dosis de idealismo, pudiendo reunir en poco espacio la realpolitik con la búsqueda de posibles soluciones a las encrucijadas de la geopolítica contemporánea. Un libro verdaderamente excepcional, no sólo por la autoridad sobre la materia de quién lo escribe, sino por la justeza y originalidad de sus enfoques.
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